viernes, 16 de mayo de 2008

Si fuera diferente

_¿Cuántos?
_Un máximo de diez.
_¿Y sabiendo que puede ser?
_Apenas medio.
_¿Y yo nunca?
_Según el tiempo.
_¿De noche?
_De vez en cuando.
_¿Y fuera?
_Amenazas
_¿Me haces caso?
_Hasta la mitad.
_¿Y luego?
_Si fuese diferente…
_¿Por qué?
_Debido a ella.
_¿Pero ella…?
_Según el tiempo, pero más intenso.
_¿Amor?
_Sí, pero no.
_¿Sexo?
_No, pero sí.
_¿Adonde te lleva?
_A la carencia de algo.
_¿Sabes que lo tengo?
_Y que no podría.
_¿En ningún caso?
_Si fuese diferente…
_¿Y hablando?
_Morirías.
_¿Solo?
_Sabes que no.
_¿Lo haría?
_Peor o parecido.
_¿Por ti?
_Por eso.
_¿Aclaras?
_Ni yo ni a ella.
_¿Tan malo es?
_Por menos más.
_¿Luego…?
_Si fuese diferente…
[…]
_Pero.. si ella no, ¿hubiera sido diferente?

miércoles, 19 de diciembre de 2007

En estas fechas tan señaladas



En estas fechas tan señaladas os deseo a todos que paséis unas felices fiestas en compañía de aquellos a los que más queréis, que disfrutéis, y que seáis felices. Ah, y que no os dejéis influir por la moda del “Fuck u, Xmas” que consiste en fingir más de lo normal que se odia la Navidad y que el único propósito para estas dos semanas es intentar hundirte en la más absoluta tristeza para demostrar que estas fechas no significan nada para ti, evitar a toda costa sonreír, ser amable, y etc.

Las tachan de fiestas con un alto nivel de hipocresía porque la gente es feliz y se lleva bien. ¿Cuál es el problema? ¿Es que en estas fiestas no se puede ser feliz? ¿Por qué ahora es mejor la actitud de la gente que prefiere quedarse enfurruñada en un rincón bebiendo y fumando pensando que son mejores que el resto porque se van a pasar dos semanas enteras sin intentar ser felices?

Yo desde aquí os deseo a todos, de verdad, una Feliz Navidad y una buena entrada en el año 2008. Vosotros elegís si preferís fingir la felicidad, fingir la tristeza, o no fingir ninguna de las dos y disfrutar cada momento igual que decís que hay que hacer los otros 11 meses del año.

Besos y abrazos.
Nacho

lunes, 26 de noviembre de 2007

A un amor imposible


Tan lejos, tan cerca.
El mundo se estrecha,
Y caen por los bordes
Las migas del pan.
Cada vez más pequeño,
Estoy afligido,
queda tu reflejo.
Tocado y hundido.

Y es que no estás aquí.
Te veo y lo siento,
sólo un pensamiento:
estás cerca y muy lejos,
no eres para mí.
Me podría engañar
y fingir que en verdad
cada vez que saludas
me das mucho más.


Tan cerca, tan lejos.
Todo un universo
de roces, caricias
y polvo estelar.
Te siento a mi lado,
miro ilusionado
y con pena descubro
que lejos estás.

Y es que te siento aquí.
Mente ensimismada,
alma enamorada,
manchando mi cama
con la soledad.
Caricias perdidas,
miradas vacías,
los ojos me lloran,
vuelvo a despertar.

domingo, 25 de noviembre de 2007

Día 3 en París


Nos levantamos prontito para variar. Es domingo, así que tenemos que visitar la catedral, mayormente también porque no nos quedan más días, así que…

Salimos del hotel, y un frío de tres pares de narices. Una vez hemos conseguido llegar a nuestro querido Louvre (en bus, gracias al Cielo) bajamos hacia el Sena para ir a Notre Dame. El frío era atroz, atroz, atroz. No sentías el frío, te dolía el frío. Parada obligada para tomarnos un café au lait. Baratillo, como era de esperar, pero entramos en calor que era lo que interesaba.

Proseguimos nuestro camino, pasamos un mercadillo de flores y pajarillos; vaya cosas venden estos franceses… y llegamos a Notre Dame. Quasimodo no nos saluda. Se sospecha que puede haber muerto por congelación. Entramos, y mira que hace frío dentro de las catedrales, pues a mí se me quitaron las ganas de salir. Hablando del edificio en sí, pos muy bonito, con sus vidrieras, sus columnas y su cura hablando en francés.

Salimos y nos dirigimos a la Sainte Chapelle, donde se encuentra la corona de espinas (aclaro, de Cristo), y tiene unas vidrieras impresionantes del siglo… catapún. Hay que pagar, pero bueno, es bonita. En la tienda había una mujer de La Rioja, que estuvo hablando a David en francés, sospechamos que por tocar las bowlins un rato, pero que le dijo en un español clarísimo que el banco (aclaro, de dinero) estaba en Correos, al salir cruzas y a la izquierda. El caso que salimos y en la puerta hay un guardia, y dice David:
- Pues yo voy a preguntarle al guardia. Perdón, ¿habla español?
- Eeeeeem… English… (Sí, como yo el mandarín).
- Bien. Where is… ¿cómo es Correos? ¿Post?
- Excuse me?
- Post. Carta. Banco.
- A bank? You want money?
- Yes!
- Ok. Cross the street and left.
- ¿Por allí? (señalando a la izquierda)
- Oh, cross the street and left, it is.
- Aaah. Thank you.

Vamos, que estaba donde había dicho la mujer de La Rioja, pero David tenía ganas de practicar el inglés, qué le vamos a hacer. Y bueno, una vez con el money en el bolsillo, proseguimos por el Sena y vemos los puestecitos típicos de chorraditas, y libros, y mierdas. Y como David quería libros de gente rara que lee él, pues pregúntale al hombre que si los tiene. Un hombre, con pinta de vagabundo, un montón de libros y un francés perfecto, porque no me enteraba de nada de lo que decía, aunque David no parase de mirarme y preguntarme que qué decía. El caso, conseguimos un libro de Tristan Tzara (uno de los que estaban en una de las tumbas que vimos), pero costaba 40€, y David dice que no puede pagar eso. El caso, que al vagabundo le moló David y le dejó el libro por 15, a pesar de ser una primera edición y toa la leche (luego ya en Madrid descubrimos que era una primera y única edición de 220 ejemplares, pa que veas). Bueno, pasado el trago del vagabundo, que además le hablábamos y se reía mucho y de manera inquietante, volvemos al hotel con nuestro sándwich de la panadería dispuestos a comer, y tal. Por supuesto, comemos. David se ducha (como ya había hecho al levantarse), descansamos y nos ponemos a pasear por Montmartre, nuestro barrio. Qué bonito y bohemio. Cuánto pintor y estas cosas. Compro una boina para mi amiga de la boina, una camiseta para mi hermana, y unas postales. Y digo “vamos a bajar por el otro lado del Sagrado Corazón, y lo vemos y tal”. Y bajamos y vemos que pa la izquierda se va al Pigalle, barrio de… llamémoslo, vida poco ética. Vemos un sex shop, al lado otro, y otro más al lado, y al lado otro más. Y así a ambos lados de la calle. Un sex-shop que es todo un edificio. El Museo erótico. Y al fondo el Moulin Rouge, que casi que después de todo lo anterior, pues parece poca cosa, aunque es bonito verlo iluminado y tal. Volvemos para atrás y entramos al Sexodrome (el de varias plantas, con jacuzzi, sauna, y muchas cosas más), y lo estamos viendo y estas cosas, y se acerca una rubia de unos treinta y tantos a David y le dice “Do you speak english?” “Español” “Ah, ¿tú quieres privado?”… Claro, el pobre chaval lleva tres días conmigo como toda compañía, la cara de necesidad la mujer la vio a la legua, y dijo “este cae”. Pues no, no cayó. Es que irse de putas en París es muy caro. Se lo tenemos que comentar a cierta amiga de clase, de la que nos acordamos mucho en este barrio. ¡Un beso, guapa! (Me parto conmigo).

Bueno, emprendemos retirada, y justo al pie del Sagrado Corazón una marea de negros con cordones para hacer pulseras. Por supuesto fue uno a por David. Definitivamente creo que es culpa del gorro. Conseguimos que el negro nos deje en paz, y nos subimos a tomar otro café y tal. Charlas sobre temas profundos nos acompañan en tan bohemia zona. Nos volvemos para el hotel, empieza a chispear. Deja de chispear y empieza a llover. Pues a ver qué hacemos porque todavía hay que cenar, que aunque David se haya comido un crêpe por la tarde con eso no aguantamos hasta mañana, y menos yo que no he comido, pero bueno.

Vamos a una pizzería que hay cerquita del hotel. Nos comemos una pizza con un nombre raro pero que estaba muy buena, y con la lluvia cayendo de nuevo volvemos al hotel. Ducha y a dormir, o por lo menos a intentarlo, porque yo soy un poco tocapelotas y me pongo a molestar a David para que no se duerma. David, si me lees, en serio que lo siento, es que la noche me confunde, y yo me dejo llevar, y bueno… pa qué contarte más si lo viviste en directo. Conclusión: Nacho de noche, no.

Y con esto concluye nuestro último día en París. Al día siguiente madrugamos, llegamos a la parada del bus para ir a Ópera a coger el bus del aeropuerto, pero, oh sorpresa, no hay servicio. Cógete la maleta, y con una horita de camino tiramos para Ópera. Cogemos el “20 minutes” que lo estaban repartiendo, por si nos aburrimos, para leer algo (sí, lo mismo). Llegamos a Ópera, y una pedazo de cola impresionante. La gente pillando taxis para ir al aeropuerto. David que empieza a manifestar su nerviosismo. Yo atacado por dentro y con el otro nervioso, pues vamos, pa hacer una fiesta que estaba. Tras un buen, buen, buen rato al fin llega el bus. Nos subimos sin pagar y vamos al aeropuerto. Una hora de camino, la última parada dentro del aeropuerto la nuestra. Acojonados por si nos pasábamos la parada y volvíamos a Ópera. Todo sale bien, llegamos a la terminal, pillamos los billetes. En la sala de embarque no hay ni baño. Putos franceses de los cojones. Nos retrasan el vuelo. Alegría y paz, hermanos. Conseguimos montarnos en el avión, y despegar. David vuelve a dormirse y los de la compañía aérea no habían cambiado la revista de a bordo, con lo cual vuelvo a leerme exactamente lo mismo que me había leído hacía dos días. Qué bien. Pero bueno, llegamos a Madrid, cogemos el coche, y decidimos que lo mejor es esperar a mañana para ir a clase, que para qué vamos a ir hoy, que total seguro que no es tan interesante.

Fin del viaje a París.

jueves, 22 de noviembre de 2007

Día 2 en París


Son las nueve de la mañana. Amanece en París. Bueno, amanecer ha amanecido hace un rato, los que amanecemos somos nosotros. Nos levantamos, una de desayuno (un zumo yo, un zumo, un café, un croissant, etc. para David, que tiene hambre), ducha de David que no tuvo bastante con la de antes de acostarse, salimos del hotel y pillamos un bus. Hoy toca ver París.

Llegamos hasta la Torre Eiffel pasando por los Campos de Marte (mayormente praderitas en el centro y árboles a los lados, lo más impresionante: el nombre). Intentamos hacernos una foto con la Torre de fondo, pero el buen hombre que nos la hizo consiguió que saliésemos solo nosotros y encima medio cortados. Menos mal que había un español por allí (bueno, si fuese uno…) y ese sí sabía hacer la foto. Una vez superado este paso tan importante miramos precios, y decidimos que tres euros por subir está bastante bien, así que cogemos y subimos todos y cada uno de los putos escalones que tiene la maldita torre de mierda. Por lo menos había buenas vistas, aunque las hubiese disfrutado más con un poco de oxígeno en el cerebro, pero no podemos tener todo en esta vida…

Una vez bajada la torrecita David quería visitar el cementerio de Montparnasse, al cual fuimos a pata para variar y vimos Los Inválidos por fuera, pero como había que pagar y sólo era la tumba de Napoleón decidimos que qué bonito es por fuera y carretera. El camino fue muy musical, por turnos cada uno cantaba una canción, en mi caso cada una peor que la anterior, en el suyo… pues ni puta idea porque no me acuerdo de lo que cantaba, pero vamos.

El caso, que fuimos porque estaba enterrado un pintor de gran renombre llamado Baudelaire, además de un montón de gente rara que escribía y pensaba y gilipolleces de esas que hacen que me ponga de mala leche (o es eso o es que estoy de mala leche, me da igual). Bueno, que me pierdo. ¡Y también estaba nuestro queridísimo Durkheim! Sociólogo de… algún año, que pertenecía a… alguna corriente, y pensaba… cosas sociológicas. Bueno, aunque sólo conociésemos el nombre nos hicimos una foto con su tumba. Ya que estábamos…

Del cementerio poco más que añadir. Tampoco se puede contar mucho de un sitio en el que tan solo has estado varias horas buscando entre los muertos a ver si aparecían los que buscábamos. El caso, que tanto muerto da hambre, es lo que tiene. Bueno, eso y que eran las tres de la tarde ya. Nos metemos en una cafetería-restaurante, pedimos un hot-dog y un sándwich mixto, con dos coca-colas. El perrito caliente era realmente grande, con dos salchichas, una a continuación de la otra. Y el sándwich no era tal, sino un bocata de toa la vida de Dios. Pero ambas cosas estaban muy buenas, pa qué engañarse. No estaba igual de buena la mostaza que había allí junto con la sal y la pimienta; sólo diré que si se te quedaba un poco en la comisura de los labios escocía. Bueno, mostaza aparte la comida está bien, y la bebida está bien cobrada, teniendo en cuenta que por dos coca-colas de 33cl nos cobraron algo más de 7 euros…

Bueno, decidimos ir a ver el Arco del Triunfo, Campos Elíseos, y cosillas de por ahí. Nos encaminamos a la Torre Eiffel (a pata, claro), fotitos en el Sena (río de París), oh qué guapos somos, oh cuánto me quiero, oh cuánto me adoro, tiramos p’arriba buscando el arco. Por el camino le enseño a David una canción muy bonita que dice así: “Qué bié no’ lo pasa-moexando pan a lo’ pa-to’. Cuanta má’ migas examos mejor no’ lo pasamo’” y repetición hasta la saciedad. Bueno, pos mira que es largo el camino de la Torre al Arco, pues todo el camino le costó aprendérsela. Yo entiendo que la letra es complicada, pero… no sé.

Llegamos al Arco del Triunfo. Grande y bonito, como era de esperar. Rodeado de polis y algo que parecían militares. Una de “¿Y esto qué es lo que es?” y enfilamos Campos Elíseos to p’abajo hacia la Plaza de la Concordia. Para los que no lo sepan, los Campos Elíseos no son “campos”, sino una calle con árboles y tiendas como viene siendo por ejemplo La Castellana. Incluimos en la lista de gente que lo desconocía a David, que tras un rato paseándolos me pregunta: ¿Y dónde están los campos? Pues eso.

Antes de llegar a la Plaza de la Concordia a David le da hambre (qué raro) y se compra un crêpe de nutella, muy rico por cierto. Yo opto por no comer. Total, no tengo hambre…

Llegamos a la plaza, vemos el obelisco y una noria que hay allí montada. Qué bonito todo, qué dolor de pies tenemos. Paseamos a oscuras las Tullerías (conocidas también durante nuestro viaje como los Campos de Venus debido al desconocimiento de la ciudad por parte de David, y porque a mí no me llegaba la sangre al cerebro y me aburría y le dije eso) porque no tienen una puta farola. ¡Hay que ver si son ratas los gabachos! Y al final de las Tullerías vislumbramos nuestro querido… “¿¿Eso no será el Louvre, no??” “Eeeeeee. Nooooo. Es Santa María la Mayor” “Ah, menos mal… ¡Mierda! ¡Es el Louvre!” “Pues sí, Santa María la Mayor está en Italia”.

Ya es de noche y estamos cansados, pero es MUY pronto para volver al hotel, así que vamos hasta Notre Dame (que sí, está en una isla aunque la gente (y por gente digo David) piense que estoy de coña) y la vemos de noche, iluminada y tal. Después de verla y tal vamos a cenar a un restaurante que hay por allí cerca. Crêpe y pizza (sí, yo soy de los que comen los crêpes en Italia y las pizzas en Francia ¿qué pasa?). Proseguimos nuestra marcha, pero al llegar a San Lázaro (a una hora andando del hotel) y siendo ya cerca de las 22:30 intentamos pillar un bus. Nos plantamos en la parada y el 80 tiene un cartel que dice que ya no funciona, y el 95 que nunca lo habíamos cogido y que no sabíamos dónde paraba está “perturbado”. Los perturbados éramos nosotros, unos veinte minutos de los largos esperando en la parada a ver si por casualidad aparecía un puto autobús que nos llevase a la ducha y a la cama. El caso es que llega, nos montamos y al rato miro por la ventanilla trasera y le digo a David: “justo detrás de nosotros va un 80…”. En fin, a lo hecho pecho. Llegamos hasta una parada que nos dejaba al lado del hotel, fíjate qué cosas descubre uno por casualidad, llegamos, nos duchamos, David me deleita con un espectáculo (el cual tengo grabado) al cual titulé “Masturbación parisina”, y que ya enseñaré a todo el que quiera pero sin que David se entere, que luego se enfada.

No dormimos, fallecemos.


Fin del día 2.

martes, 20 de noviembre de 2007

Día 1 en París


Viernes, 16 de noviembre. 6:00 a.m. Un pitido suena por encima de mi cabeza. ¡Mierda! El despertador. Sueño. ¿Por qué coño me voy tan pronto?

Superado este trance, llego a Barajas y me tengo que ir hasta el Metro, useasé, a la otra punta de la Terminal. 4 llamadas perdidas. Eso es insistencia. Me encuentro con David, y vuelta otra vez al punto del que salí. Sí, tan absurdo como suena. Sacamos billetes, embarcamos y desayunamos; bueno, desayuna David, porque yo a esas horas…

Bueno, el vuelo bien, David dormido, yo leyendo una revista de publicidad de la aerolínea. Llegamos a Charles de Gaulle, aeropuerto construido antes de planificar tan siquiera el primer intento de avión. Pero en fin.

Puesto que hay huelga de transportes y no funciona el tren, pillamos el bus hasta Ópera (en el centro de la ciudad), bus que pasaba por la puerta de nuestro hotel pero no paraba. Alegría.

Bajamos en Ópera, vamos al metro acompañados por un chico muy majo que nos llevó hasta el mismo, pa que digan de los gabachos… Y allí preguntamos y tal, y nos dice la taquillera que pillemos un bus para pillar otro bus y que por allí estará el hotel. Pos allá que vamos en busca de los buses. Entre que llega, no llega, lo encontramos y tal, unas cuatro horas desde que llegamos al aeropuerto. Con un par.

Como ya es la hora de comer (y David tenía hambre) pillamos alguna cosilla en la panadería de debajo del hotel, y nos sentamos en un banco (de dinero) a comer, para según terminemos visitar el Sacré Coeur. El caso, buscando una calle de salida nos encontramos un cementerio, visita obligada, tumbas p’arriba, tumbas p’abajo. Precioso, por cierto.

Conseguimos llegar hasta la basílica del Sagrado Corazón por unas cuestas que nos hacían sentir como en Toledo pero con un toque más bohemio. La visitamos. Bonita y tal. Un mirador desde el que se ve París. ¡Oh, cuánta belleza! Y blablabla. Y como es viernes y somos jóvenes, pos vamos al Louvre que es gratis la entrada. Por supuesto vamos andando hasta allí, una tiradita… Vemos mayormente La Gioconda, y de camino un montón de cuadros. ¿Hay algo que agote más que pasear por un museo? Ya que es gratis, y el Louvre tiene tres (llamémosle) “alas”, decidimos visitar la siguiente, con cosas de Egipto. Tres sarcófagos después los dos desesperados buscando la salida. Afortunadamente David hizo muchas fotos, podemos fingir que estábamos muy interesados en el arte que albergaba el museo.

De vuelta para el hotel cenamos en un kebab. Se percibe nuestro agotamiento. Percibimos algo curioso: mucha gente va a cenar sola. ¡Qué cosas!

Llegamos al hotel tras una horita de camino (a pata), pasando otra vez por delante del centro comercial Printemps (Primavera) y Galeries Lafayete (Galerías Preciados), con una bonita iluminación navideña. Nos metemos en la cama después de una buena ducha (cada uno la suya propia personal). Son las 21:24 p.m. Nos parece un poco excesivo y nos ponemos a hablar hasta las 23:ypico. No hago más que apagar la luz y David empieza a roncar. Ala. Como si tal cosa. Un rato después caigo yo.


Fin del día 1.

sábado, 10 de noviembre de 2007

Sobre la verdad y sus consecuencias


Hoy a las cinco y pico de la tarde han plantado en mí la semilla de la que ha brotado esta reflexión: ¿Hasta qué punto queremos conocer la verdad?

Todo el mundo cuando le preguntas si quiere saber la verdad o prefiere una mentira piadosa dice que realmente quiere la verdad. ¿Somos todos unos hipócritas? ¿O es que sólo yo preferiría la mentira piadosa en un gran número de situaciones?

Hombre, hay (muchas) veces que tenemos que escoger la verdad porque no nos queda otra, más que nada. Vease por ejemplo cuando tienes a alguien en el hospital y preguntas cómo está. Pues aunque prefieras que te engañen, a fin de cuentas ¿de qué te serviría?
No nos pongamos tan drásticos y pensemos en otra cosa un poco menos terrible: la nota de un examen, por ejemplo, del que no tienes muy claro lo que puede haber salido. En tu interior piensas: "miénteme y dime que está aprobado". Vale, has aprobado, pero es mentira. No te prepares el próximo que verás.

En estos casos queremos, mejor dicho necesitamos, oír la verdad. Pero pongamos otro ejemplo: Alguien que no te gusta y sospechas que tú en cambio a él/ella sí. ¿Qué necesidad tienes de oír la verdad? ¿De qué te sirve saberlo?
Si es sólo un/a conocido/a pos dices "venga, por la sombra". Pero... ¿y si es un/a amigo/a? ¿Quieres que esa persona realmente te diga lo que siente? Si en el fondo todos sabemos que una cosa como esta dicha cuando no se quiere oír tiene una gran cantidad de papeletas para transformar una amistad en un juego agotador de miradas incómodas y conversaciones absurdas sobre si parece o no que va a llover.

Me remito al principio de este desbarre y vuelvo a preguntar: ¿Hasta qué punto queremos conocer la verdad? ¿Queremos saber si realmente le gustamos a esta persona o no? Aunque claro, lo mejor es cuando por curiosidad sí quieres saberlo pero no sabes qué es exactamente lo que quieres que te contesten.

Pensad lo que queráis, pero personalmente la verdad no es algo que quiera conocer, o al menos no estoy seguro de querer conocerla (y/o de que los demás la conozcan). Lo que me sugiere la siguiente reflexión: ¿Hasta qué punto conozco la veracidad de mis respuestas en este ámbito? (sí, la reflexión gira en torno al me gusta/le gusto//no me gusta/no le gusto; lo del hospital y el examen es pura paja para rellenar).