.JPG)
Nos levantamos prontito para variar. Es domingo, así que tenemos que visitar la catedral, mayormente también porque no nos quedan más días, así que…
Salimos del hotel, y un frío de tres pares de narices. Una vez hemos conseguido llegar a nuestro querido Louvre (en bus, gracias al Cielo) bajamos hacia el Sena para ir a Notre Dame. El frío era atroz, atroz, atroz. No sentías el frío, te dolía el frío. Parada obligada para tomarnos un café au lait. Baratillo, como era de esperar, pero entramos en calor que era lo que interesaba.
Proseguimos nuestro camino, pasamos un mercadillo de flores y pajarillos; vaya cosas venden estos franceses… y llegamos a Notre Dame. Quasimodo no nos saluda. Se sospecha que puede haber muerto por congelación. Entramos, y mira que hace frío dentro de las catedrales, pues a mí se me quitaron las ganas de salir. Hablando del edificio en sí, pos muy bonito, con sus vidrieras, sus columnas y su cura hablando en francés.
Salimos y nos dirigimos a la Sainte Chapelle, donde se encuentra la corona de espinas (aclaro, de Cristo), y tiene unas vidrieras impresionantes del siglo… catapún. Hay que pagar, pero bueno, es bonita. En la tienda había una mujer de La Rioja, que estuvo hablando a David en francés, sospechamos que por tocar las bowlins un rato, pero que le dijo en un español clarísimo que el banco (aclaro, de dinero) estaba en Correos, al salir cruzas y a la izquierda. El caso que salimos y en la puerta hay un guardia, y dice David:
- Pues yo voy a preguntarle al guardia. Perdón, ¿habla español?
- Eeeeeem… English… (Sí, como yo el mandarín).
- Bien. Where is… ¿cómo es Correos? ¿Post?
- Excuse me?
- Post. Carta. Banco.
- A bank? You want money?
- Yes!
- Ok. Cross the street and left.
- ¿Por allí? (señalando a la izquierda)
- Oh, cross the street and left, it is.
- Aaah. Thank you.
Vamos, que estaba donde había dicho la mujer de La Rioja, pero David tenía ganas de practicar el inglés, qué le vamos a hacer. Y bueno, una vez con el money en el bolsillo, proseguimos por el Sena y vemos los puestecitos típicos de chorraditas, y libros, y mierdas. Y como David quería libros de gente rara que lee él, pues pregúntale al hombre que si los tiene. Un hombre, con pinta de vagabundo, un montón de libros y un francés perfecto, porque no me enteraba de nada de lo que decía, aunque David no parase de mirarme y preguntarme que qué decía. El caso, conseguimos un libro de Tristan Tzara (uno de los que estaban en una de las tumbas que vimos), pero costaba 40€, y David dice que no puede pagar eso. El caso, que al vagabundo le moló David y le dejó el libro por 15, a pesar de ser una primera edición y toa la leche (luego ya en Madrid descubrimos que era una primera y única edición de 220 ejemplares, pa que veas). Bueno, pasado el trago del vagabundo, que además le hablábamos y se reía mucho y de manera inquietante, volvemos al hotel con nuestro sándwich de la panadería dispuestos a comer, y tal. Por supuesto, comemos. David se ducha (como ya había hecho al levantarse), descansamos y nos ponemos a pasear por Montmartre, nuestro barrio. Qué bonito y bohemio. Cuánto pintor y estas cosas. Compro una boina para mi amiga de la boina, una camiseta para mi hermana, y unas postales. Y digo “vamos a bajar por el otro lado del Sagrado Corazón, y lo vemos y tal”. Y bajamos y vemos que pa la izquierda se va al Pigalle, barrio de… llamémoslo, vida poco ética. Vemos un sex shop, al lado otro, y otro más al lado, y al lado otro más. Y así a ambos lados de la calle. Un sex-shop que es todo un edificio. El Museo erótico. Y al fondo el Moulin Rouge, que casi que después de todo lo anterior, pues parece poca cosa, aunque es bonito verlo iluminado y tal. Volvemos para atrás y entramos al Sexodrome (el de varias plantas, con jacuzzi, sauna, y muchas cosas más), y lo estamos viendo y estas cosas, y se acerca una rubia de unos treinta y tantos a David y le dice “Do you speak english?” “Español” “Ah, ¿tú quieres privado?”… Claro, el pobre chaval lleva tres días conmigo como toda compañía, la cara de necesidad la mujer la vio a la legua, y dijo “este cae”. Pues no, no cayó. Es que irse de putas en París es muy caro. Se lo tenemos que comentar a cierta amiga de clase, de la que nos acordamos mucho en este barrio. ¡Un beso, guapa! (Me parto conmigo).
Bueno, emprendemos retirada, y justo al pie del Sagrado Corazón una marea de negros con cordones para hacer pulseras. Por supuesto fue uno a por David. Definitivamente creo que es culpa del gorro. Conseguimos que el negro nos deje en paz, y nos subimos a tomar otro café y tal. Charlas sobre temas profundos nos acompañan en tan bohemia zona. Nos volvemos para el hotel, empieza a chispear. Deja de chispear y empieza a llover. Pues a ver qué hacemos porque todavía hay que cenar, que aunque David se haya comido un crêpe por la tarde con eso no aguantamos hasta mañana, y menos yo que no he comido, pero bueno.
Vamos a una pizzería que hay cerquita del hotel. Nos comemos una pizza con un nombre raro pero que estaba muy buena, y con la lluvia cayendo de nuevo volvemos al hotel. Ducha y a dormir, o por lo menos a intentarlo, porque yo soy un poco tocapelotas y me pongo a molestar a David para que no se duerma. David, si me lees, en serio que lo siento, es que la noche me confunde, y yo me dejo llevar, y bueno… pa qué contarte más si lo viviste en directo. Conclusión: Nacho de noche, no.
Y con esto concluye nuestro último día en París. Al día siguiente madrugamos, llegamos a la parada del bus para ir a Ópera a coger el bus del aeropuerto, pero, oh sorpresa, no hay servicio. Cógete la maleta, y con una horita de camino tiramos para Ópera. Cogemos el “20 minutes” que lo estaban repartiendo, por si nos aburrimos, para leer algo (sí, lo mismo). Llegamos a Ópera, y una pedazo de cola impresionante. La gente pillando taxis para ir al aeropuerto. David que empieza a manifestar su nerviosismo. Yo atacado por dentro y con el otro nervioso, pues vamos, pa hacer una fiesta que estaba. Tras un buen, buen, buen rato al fin llega el bus. Nos subimos sin pagar y vamos al aeropuerto. Una hora de camino, la última parada dentro del aeropuerto la nuestra. Acojonados por si nos pasábamos la parada y volvíamos a Ópera. Todo sale bien, llegamos a la terminal, pillamos los billetes. En la sala de embarque no hay ni baño. Putos franceses de los cojones. Nos retrasan el vuelo. Alegría y paz, hermanos. Conseguimos montarnos en el avión, y despegar. David vuelve a dormirse y los de la compañía aérea no habían cambiado la revista de a bordo, con lo cual vuelvo a leerme exactamente lo mismo que me había leído hacía dos días. Qué bien. Pero bueno, llegamos a Madrid, cogemos el coche, y decidimos que lo mejor es esperar a mañana para ir a clase, que para qué vamos a ir hoy, que total seguro que no es tan interesante.
Fin del viaje a París.