lunes, 26 de septiembre de 2011

Pensamientos de mierda



La semana pasada decidí ponerme malo.



Digo decidí, pero la verdad es que los que lo decidieron fueron los millones de micro-bichos que invadieron mi cuerpo, y como me superaban en número mi opinión no contó para nada.



Esa noche fue una noche interesante, paseando hasta el baño, con ganas de recordar a qué sabía la cena, sudando y tiritando, con los mocos creciendo y el ánimo menguando...



Pero lo importante de esa noche no fue tanto el qué pasó en ese baño (que para ser un poco sinceros, tampoco pasó nada... ¡malditos virus calienta... estómagos!), sino lo que allí averigüé sobre mis sueños de esa noche. Retrocedamos un par de horas...



Entre el delirio de la fiebre y la falta de oxígeno debido a la nariz taponada hubo una escena que se repitió varias veces, entre la fantasía del sueño y la fantasía de la realidad.



(Típica escena de sueño en la que hay un montón de telas blancas colgando del techo a modo de paredes-laberinto). Hay alguien ahí. Hay alguien más. ¿Qué quiere? Me quiere decir algo. Debo averiguar quién es. ¿Por qué huye? ¿Por qué no me dice qué pasa? ¡Espera! No te escondas. Ya está, (retiro la última tela que cuelga del techo a modo de pared y...) un momento... (Vista aérea, ya despierto pero aún soñando) Soy yo tumbado en mi cama...



Este tipo de sueños raros y repetitivos los tengo cuando estoy malo, por eso mi primer pensamiento al despertar es "joder, estoy malo". Así, con varios "joder, estoy malo" a lo largo de la noche, llegan las ganas de deshacerse de la cena, y allí estoy yo en el baño, empapado en sudor y muriendo de frío, y de repente lo entiendo. Escrito tú ya lo habrás entendido, pero mi sueño en mi cabeza en ese momento era un absurdo sin más. Mi Mini-Freud despierta en mi interior y me da una respuesta:









Estoy huyendo de mí mismo.

No hay comentarios: