jueves, 22 de noviembre de 2007

Día 2 en París


Son las nueve de la mañana. Amanece en París. Bueno, amanecer ha amanecido hace un rato, los que amanecemos somos nosotros. Nos levantamos, una de desayuno (un zumo yo, un zumo, un café, un croissant, etc. para David, que tiene hambre), ducha de David que no tuvo bastante con la de antes de acostarse, salimos del hotel y pillamos un bus. Hoy toca ver París.

Llegamos hasta la Torre Eiffel pasando por los Campos de Marte (mayormente praderitas en el centro y árboles a los lados, lo más impresionante: el nombre). Intentamos hacernos una foto con la Torre de fondo, pero el buen hombre que nos la hizo consiguió que saliésemos solo nosotros y encima medio cortados. Menos mal que había un español por allí (bueno, si fuese uno…) y ese sí sabía hacer la foto. Una vez superado este paso tan importante miramos precios, y decidimos que tres euros por subir está bastante bien, así que cogemos y subimos todos y cada uno de los putos escalones que tiene la maldita torre de mierda. Por lo menos había buenas vistas, aunque las hubiese disfrutado más con un poco de oxígeno en el cerebro, pero no podemos tener todo en esta vida…

Una vez bajada la torrecita David quería visitar el cementerio de Montparnasse, al cual fuimos a pata para variar y vimos Los Inválidos por fuera, pero como había que pagar y sólo era la tumba de Napoleón decidimos que qué bonito es por fuera y carretera. El camino fue muy musical, por turnos cada uno cantaba una canción, en mi caso cada una peor que la anterior, en el suyo… pues ni puta idea porque no me acuerdo de lo que cantaba, pero vamos.

El caso, que fuimos porque estaba enterrado un pintor de gran renombre llamado Baudelaire, además de un montón de gente rara que escribía y pensaba y gilipolleces de esas que hacen que me ponga de mala leche (o es eso o es que estoy de mala leche, me da igual). Bueno, que me pierdo. ¡Y también estaba nuestro queridísimo Durkheim! Sociólogo de… algún año, que pertenecía a… alguna corriente, y pensaba… cosas sociológicas. Bueno, aunque sólo conociésemos el nombre nos hicimos una foto con su tumba. Ya que estábamos…

Del cementerio poco más que añadir. Tampoco se puede contar mucho de un sitio en el que tan solo has estado varias horas buscando entre los muertos a ver si aparecían los que buscábamos. El caso, que tanto muerto da hambre, es lo que tiene. Bueno, eso y que eran las tres de la tarde ya. Nos metemos en una cafetería-restaurante, pedimos un hot-dog y un sándwich mixto, con dos coca-colas. El perrito caliente era realmente grande, con dos salchichas, una a continuación de la otra. Y el sándwich no era tal, sino un bocata de toa la vida de Dios. Pero ambas cosas estaban muy buenas, pa qué engañarse. No estaba igual de buena la mostaza que había allí junto con la sal y la pimienta; sólo diré que si se te quedaba un poco en la comisura de los labios escocía. Bueno, mostaza aparte la comida está bien, y la bebida está bien cobrada, teniendo en cuenta que por dos coca-colas de 33cl nos cobraron algo más de 7 euros…

Bueno, decidimos ir a ver el Arco del Triunfo, Campos Elíseos, y cosillas de por ahí. Nos encaminamos a la Torre Eiffel (a pata, claro), fotitos en el Sena (río de París), oh qué guapos somos, oh cuánto me quiero, oh cuánto me adoro, tiramos p’arriba buscando el arco. Por el camino le enseño a David una canción muy bonita que dice así: “Qué bié no’ lo pasa-moexando pan a lo’ pa-to’. Cuanta má’ migas examos mejor no’ lo pasamo’” y repetición hasta la saciedad. Bueno, pos mira que es largo el camino de la Torre al Arco, pues todo el camino le costó aprendérsela. Yo entiendo que la letra es complicada, pero… no sé.

Llegamos al Arco del Triunfo. Grande y bonito, como era de esperar. Rodeado de polis y algo que parecían militares. Una de “¿Y esto qué es lo que es?” y enfilamos Campos Elíseos to p’abajo hacia la Plaza de la Concordia. Para los que no lo sepan, los Campos Elíseos no son “campos”, sino una calle con árboles y tiendas como viene siendo por ejemplo La Castellana. Incluimos en la lista de gente que lo desconocía a David, que tras un rato paseándolos me pregunta: ¿Y dónde están los campos? Pues eso.

Antes de llegar a la Plaza de la Concordia a David le da hambre (qué raro) y se compra un crêpe de nutella, muy rico por cierto. Yo opto por no comer. Total, no tengo hambre…

Llegamos a la plaza, vemos el obelisco y una noria que hay allí montada. Qué bonito todo, qué dolor de pies tenemos. Paseamos a oscuras las Tullerías (conocidas también durante nuestro viaje como los Campos de Venus debido al desconocimiento de la ciudad por parte de David, y porque a mí no me llegaba la sangre al cerebro y me aburría y le dije eso) porque no tienen una puta farola. ¡Hay que ver si son ratas los gabachos! Y al final de las Tullerías vislumbramos nuestro querido… “¿¿Eso no será el Louvre, no??” “Eeeeeee. Nooooo. Es Santa María la Mayor” “Ah, menos mal… ¡Mierda! ¡Es el Louvre!” “Pues sí, Santa María la Mayor está en Italia”.

Ya es de noche y estamos cansados, pero es MUY pronto para volver al hotel, así que vamos hasta Notre Dame (que sí, está en una isla aunque la gente (y por gente digo David) piense que estoy de coña) y la vemos de noche, iluminada y tal. Después de verla y tal vamos a cenar a un restaurante que hay por allí cerca. Crêpe y pizza (sí, yo soy de los que comen los crêpes en Italia y las pizzas en Francia ¿qué pasa?). Proseguimos nuestra marcha, pero al llegar a San Lázaro (a una hora andando del hotel) y siendo ya cerca de las 22:30 intentamos pillar un bus. Nos plantamos en la parada y el 80 tiene un cartel que dice que ya no funciona, y el 95 que nunca lo habíamos cogido y que no sabíamos dónde paraba está “perturbado”. Los perturbados éramos nosotros, unos veinte minutos de los largos esperando en la parada a ver si por casualidad aparecía un puto autobús que nos llevase a la ducha y a la cama. El caso es que llega, nos montamos y al rato miro por la ventanilla trasera y le digo a David: “justo detrás de nosotros va un 80…”. En fin, a lo hecho pecho. Llegamos hasta una parada que nos dejaba al lado del hotel, fíjate qué cosas descubre uno por casualidad, llegamos, nos duchamos, David me deleita con un espectáculo (el cual tengo grabado) al cual titulé “Masturbación parisina”, y que ya enseñaré a todo el que quiera pero sin que David se entere, que luego se enfada.

No dormimos, fallecemos.


Fin del día 2.

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