miércoles, 12 de enero de 2011

Subiendo



Hacia abajo. Esa es la tendencia física de todo cuerpo: ir hacia abajo. Esto no es ni bueno ni malo, es natural. El problema es que nuestro interior se ha acostumbrado a esta tendencia, y nos empeñamos en ir nosotros también hacia abajo, y por eso, cuando estamos arriba, nos obligamos a hundirnos.


Cuando tengo incluso más de lo que puedo merecerme, ¿cuál es mi reacción? Buscar el camino del descenso. Pero no es una reacción deliberada, es el inconsciente el que se encarga de buscar esa escalera para que yo empiece a descenderla.


Ya sé que mi camino es hacia Arriba, y claro que no quiero ir hacia abajo, el problema surge cuando dejo de ser un pincel para creerme el Pintor y expulso del Trono al mismísimo Destino. ¡Yo no sé pintar! Todos esos “retratos” que plasmo en mis lienzos no son más que las caretas que les pongo a los actores de mi película, aunque realmente no las lleven y yo sea el único que las ve.


El segundo problema es que yo no soy el guionista más allá de mí, pues cada uno es su propio guionista. Muchísimo menos soy el Director; aunque si muchas veces pretendo ocupar el puesto de tu guionista, imagínate mis ansias de dirigir.


Puedo elegir con quién quiero actuar, pero no hacia dónde me lleva su escalera. El Director se esforzará en que la escena salga bien, esto es, hacia Arriba, pero ya he dicho que yo quiero ser el Director, quiero ser mi Destino y elegir yo las escaleras al Cielo.


Nuevos amigos que se convierten en algo más que eso. Nuevas palabras que ya había leído, e incluso corregido. Nuevos amigos que antes ya lo eran. “Todo lo hago nuevo”. Mi mesa llena de pañuelos aunque apenas tenga mocos, y mis lágrimas más falsas que húmedas, me sirven para darme cuenta de que mientras creía que subía simplemente he bajado.


Aunque quiera, no puedo echar la culpa de mis “desgracias” al Destino. Yo mismo fui el que decidió crucificar al Director de mi película para poder alzarme como Dios y Señor de todo lo que me rodea. Soy débil, y debo reconocer que fue la Soberbia la que me animó a romper las sugerencias que me enviaban Sus mensajeros para redactar los guiones. Y la Superstición la que me hizo perder el sueño varias noches buscando una Cruz para llevarla de nuevo, creyendo que así redimiría mi culpa. Por supuesto, ya se encargó Él de que no la encontrara hasta que no comprendiera que mi Solución (y Salvación) no consiste en colgarme un trozo de madera que tanto me acompañó antaño, sino en leerme Sus guiones y aceptar que no soy el Director.


No soy el Pintor, sino un simple pincel que debe dejarse llenar De Colores que dan sentido a mi cuadro, a mi película, a mi Vida.



Muchas ideas que quiero expresar y muy pocas cosas que quiero concretar. Lo importante ahora no es que entiendas todo lo que he querido decir, sino que te alegres por mí, porque el Destino NUNCA ha dejado de sonreírme.




Y a ti tampoco.


¿Quieres un consejo? Olvida a Satán como único responsable, matar al Director, aunque influida, es decisión tuya… Al igual que lo es dejarle escribir tus guiones.





P.D. Muerta la superstición apareció la Cruz. ¿Sabes dónde? Justo delante de mis narices.

sábado, 14 de marzo de 2009

Viernes 13


Todo empezó con un terrible “¿nos vamos al césped?” a eso de las tres y pico del mediodía. Tras una interesante sesión de danza en el teatro (¿Pero dónde está el teatro? ¡No vamos así vestidas para bailar en una pradera!) en la que Gonza estuvo bastante avispado e intentó pillar cacho llega nuestro Mesías (David) con sangría bajo el brazo (ahí el porqué de ser el Mesías). Tras agotar nuestra tarde a base de partidas de mus, partidas de mus, y más partidas de mus (¡me encanta el mus!) decidimos, tras alguna baja, irnos a cenar a un bareto en Noviciado. Cogemos el metro y nos bajamos en Plaza de España, desde la que se puede hacer trasbordo a Noviciado, o eso dicen…

Unos 10 minutos después, y habiendo pasado por el andén de la 3 y de la 10 llegamos al andén de la 2, y por fin a la calle. Una vez sentados ya, y después de unas croquetas estupendas y unas hamburguesas prosigue la locura, ya que estamos… ¿por qué no tomar una copa en el bar? Y claro… tras la copa del bar alguien dice “¿Y si salimos por ahí?”. Esas terribles palabras que anuncian el principio del fin.

Y ahí estamos, Gonza, Antonio y yo, con nuestras mochilas, nuestra sudadera finita para protegernos del frío, la idea de pillar cacho en la cabeza, Antonio con chándal, sin dinero y sin tabaco, y todos un poco perturbados (N. del A. No creo que eso fuese cosa de esa noche, viene ya por dentro).

¡Vamos a un girls! Si una noche de fiesta comienza con esta frase, ocurra lo que ocurra sabes que será una noche que recordarás. Vamos andando desde Plaza de España hacia Huertas, y nos encontramos con un tío que nos da un pase para un local de “Señoritas”, el destino envía señales bastante claras, o eso pensamos. Nos acercamos hacia la puerta, hasta que vislumbramos dos gorilas en la puerta; les miramos, nos miramos, y decimos “si eso en otra ocasión”. Primer chasco de la noche.

Llegamos a Sol y un tío nos da un pase para entrar en un garito y tomar un chupito gratis. “Por algo se empieza”, pensamos. Vamos al garito, en el que había unas 5 personas, un olor a incienso bastante interesante, y nos dan un chupito de manzana sin alcohol. Lo bebemos, nos miramos, y salimos del zulillo aquel sin decir lo que pensamos.

Tras un pequeño paseo, conseguimos encontrar la calle Huertas. Nos damos cuenta de que tres tíos solos no tienen nada que hacer con los relaciones, que según pasamos se giran para no mirarnos. Uno nos habla y nos da un flyer de esos de “dos por diez”, pero todavía albergamos esperanzas y seguimos paseando. Otro tío nos habla de su garito, entramos, pero como no nos invitan, tras decir “no está mal, ojalá tuviésemos dinero” decidimos salir, pillar un litro y buscar un parque.

Aquí pensaréis “pues pillaron un litro y se fueron a beberlo por ahí”, pero no, porque los chinos de Huertas se aliaron para impedirnos beber, y ni uno quiso vendernos cerveza. La noche ya no puede ofrecernos nada más, así que compuestos, sin señoritas y sin alcohol emprendemos la retirada.

Pero el destino no había acabado con nosotros todavía. Se nos acerca un relaciones, y nos habla de su garito, con copas a dos por ocho, y nos da tres invitaciones a chupito. ¡¡Dios y el karma existen!! El pavo nos planta en la puerta, y el puerta mira a Antonio y le dice “con chándal no se puede pasar”. Todos con sonrisa de… je, qué bien. Dios y el karma se están descojonando en nuestra cara.

Aunque propongo llevar a un moro de esos que venden rosas a un callejón, pegarle una paliza y robarle los vaqueros, es oficial, nuestra noche ha terminado. En facebook somos fans de “Yo también quiero teletransportarme para volver a casa después de una noche de fiesta”, pero como ser fan no es suficiente, emprendemos la retirada para coger un medio de transporte que nos lleve a casa.

Pero el destino estaba jocoso y con ganas de fiesta, así que otro tío nos dice “oye, ¿queréis pasar? El garito está bien, la música es buena, hay chicas, solas…”. Como somos personas que tenemos mucha fe, ya sea en la Suerte, en Dios, en las Casualidades o en cualquier otra cosa decimos “bueno, por probar…”, así que entramos.

La verdad es que el sitio estaba muy limpio, la música era en plan 40principales, con lo que podías cantar, y dijimos “o aquí o pa casa”, así que allí nos quedamos. Pedimos tres tercios, nos soplan 15 pavos, y Antonio, con sus 30 céntimos, pasa a ser el que tiene mayor poder adquisitivo de los tres.

Este garito es el que realmente ocasionó que la noche fuese irremediablemente memorable. Allí estábamos los tres, con pintas de universitarios recién salidos de clase, con un tercio que valía su precio en oro en la mano, gritando canciones como “Princesas” de Pereza, “Insoportable” de ECDL, o “Todo irá bien” de Chenoa, y pensando que hasta nuestras madres se sentirían fuera de lugar debido a la media de edad del local. ¡Claro que había tías solas! ¡Porque sus maridos habían muerto! Con la idea de ligar en la cabeza nos planteamos “¿Y si nos acercamos a esas tres de ahí y les pedimos el teléfono de sus hijas?”. Debatiendo esta idea, y mientras esperábamos ver entrar por la puerta a Cándida, Rioboo y Sierra, pero en su defecto me pareció ver a mi profesor de tecnología del instituto (gracias a Dios no era él), entran dos tías por la puerta, ¡dos tías jóvenes! Demasiado bonito para ser verdad, eran amigas del camarero, un tío joven también, pero de dos por dos. Oficialmente desistimos en nuestro empeño de encontrar unas tías, nos miramos y decidimos que tampoco vamos lo suficientemente borrachos (por no decir que nada borrachos) para repetir el fin de semana pasado, así que mejor mantenemos las distancias, nos terminamos el tercio, y cada uno pa su casa y Dios, la suerte y el karma esta noche a la puta calle a pasar frío.

No puedo decir que fuese una mierda o un fracaso de noche, porque tuvo varios momentos buenos, y sus risas y sus cosas. Por supuesto no fue la mejor noche de mi vida pero, como dice mi profesora de Bases, todos los días tienen momentos buenos que nos hacen felices, ¡todos! Y la felicidad consiste en disfrutarlos. (O algo así). De esta noche hemos aprendido unas cuantas cosas:

1. Que no puedes ir más tarde de las 10 al centro a comprar cerveza.

2. Que no puedes salir por Huertas sin dinero si no llevas a una tía buena para que te consiga pases para los sitios.

3. Que nunca debes intentar entrar a “Mi madre era una groupie” si llevas chándal.

4. Que el viernes siempre tienes que llevar unos vaqueros en la mochila.

5. Que no hay que volver a entrar nunca a tomar algo en el garito-bar de una residencia de ancianos.

6. Y lo más importante: Si la primera idea es ir a un local de señoritas, y un tío te da un papelito para un local de señoritas, ¡VETE AL BAR DE SEÑORITAS!

miércoles, 18 de febrero de 2009

Ignorancia


La mejor aliada siempre es la ignorancia. La verdad ataca con certera precisión, encontrando siempre nuestro punto débil, y es ahí donde ella se hace fuerte.
De la verdad nace el espíritu de lucha por algo mejor.
¿Ah, sí? ¿Y no nace el deseo de autocompasión y refugio, que nos hace huir de cualquier fracaso potencial para evitarnos un daño mayor, aún a costa de esa felicidad tan ansiada? ¿Es peor esta opción que sufrir al confirmar que los temores que nublan nuestra “meta” son algo más que meras sombras imaginarias?


Opiniones, para todos los gustos.
¿La mía? Dependiendo del día y la hora.



Buscando un lugar (aún a riesgo de encontrarlo).

viernes, 13 de febrero de 2009

Caricias en tu espalda


Esta mañana se ha colado un rayito de sol por tu ventana,
que es la ventana de mi habitación.
Se ha asomado y me ha pillado metiéndote mano.
Esta mañana sí que hacía calor.

Me dejé la vergüenza olvidada en el fondo del vaso en el último bar.
La mirada perdida, la voz oxidada.
Despierto en tu cama y me da por cantar.

Dame el tiempo que no te haga falta
y prometo invertirlo en caricias en tu espalda.


Esta mañana recuerdo que estaba mejor.
Como almohada tu pecho desnudo en la cara.
Te has largado y me has dejao totalmente tirado.
Esta mañana el calor me mataba.

Me dejé la vergüenza olvidada en el fondo del vaso en el último bar.
La mirada perdida, la voz oxidada.
Despierto en tu cama y me da por cantar.

Dame el tiempo que no te haga falta
y prometo invertirlo en caricias en tu espalda.

sábado, 7 de febrero de 2009

Porque no puede faltar

Todavía hay gente que al viento le llama céfiro,
y hay quien a lo cursi lo llama poesía,
y a la Poesía, locura.
Todavía hay gente que canta a la luna.
¡Yo canto a los hombres de la luna!
A los arrabales de la luna,
a los ríos de leche de la luna;
pero todavía hay gente que se asusta,
se asusta cuando una mujer se pone las botas
para pisar mejor el barro,
se asustan porque somos listos,
porque Dios está con nosotros;
ven que nos quemamos y no comprenden las llamas;
porque componemos canciones previsoras
y al avisar gritamos;
porque en nuestros versos
no hablamos de lo que siempre se habló en los versos:
las olas, la boca, los pájaros.
¿Quién dice que en nuestros versos no hay pájaros?
¿Qué son estos gritos sino aves heridas?
No amar lo caduco, lo seco, lo blando.
¡Los poetas amamos a la sangre!
A la sangre encerrada en la botella del cuerpo,
no a la sangre derramada por los campos,
a la sangre derramada por los celos,
por los jueces,
por los guerreros;
amamos a la sangre derramada en el cuerpo,
a la sangre feliz que corre por las venas,
a la sangre que baila cuando damos un beso.
Cantamos al amor.
A lo fresco.
A lo puro.
¡Estamos hartos de cuentos!
¡Y que aprendan los ñoños que el viento es el viento!
Y que cuando se ama, se ama,
y que sólo es pecado el mal comportamiento.


Gloria Fuertes
Todavía.

viernes, 6 de febrero de 2009

Grey matters

_Yo no me siento normal. Estoy harta de que todos me digan que es normal, que es típico, es corriente. Yo... no me siento así.
_¿Y cómo te sientes?
_Sola.
_¿Por qué?
_Porque quizás nunca podré pasear por la calle de la mano de mi pareja sin que la gente nos mire de un modo raro, puede que nunca tenga la boda que siempre soñé de pequeña, puede que nunca tenga hijos, y algún día, cuando me muera, la gente no respetará a mi amante como si fuera mi marido...

jueves, 14 de agosto de 2008

El ángel más tonto del mundo

En otro cuento navideño, Dale Pearson, malvado urbanista, misógino recalcitrante y, al parecer, cascarrabias irremediable, podría haber recibido las visitas nocturnas de una serie de fantasmas que, mostrándole sombrías isiones de las Navidades futuras, pasadas y presentes, provocarían en él una transformación que lo convertiría en un ejemplo de generosidad, amabilidad y sentimientos cálidos hacia sus congéneres. Pero este no es uno de esos cuentos, así que aquí, en no demasiadas páginas, alguien va a despachar a este miserable hijo de puta con toda la calidez del mundo. Ese es el espíritu navideño que impregnará las siguientes páginas. Ho, ho, ho.

Christopher Moore