Hola. Mi nombre es Ignacio, aunque todo el mundo me llama Nacho. Nací el 1 de Marzo de 1988, lo que quiere decir que a día de hoy tengo 19 años. Soy natural de Madrid, al igual que mis padres y los padres de mi padre; mis abuelos maternos en cambio eran él de Guadalajara y ella de Donostia-San Sebastián.
Vivo en el mismo barrio (Fuente del Berro) desde que nací, al lado de la Plaza de Toros de Las Ventas, lo que implica que estoy muy bien comunicado y bastante cerca del centro de la ciudad, pero también que el barrio esté lleno de gente cuando hay conciertos o corridas de toros.
De pequeño fui a dos colegios, el Jacinto Benavente, y cuando lo cerraron fui al Amador de los Ríos, ambos públicos. Después hice la ESO y el Bachillerato en el instituto Avenida de los Toreros, como su nombre indica, en la Avenida de los Toreros.
Cuando estaba en segundo de Bachillerato me llevaron a las charlas que se dan sobre la universidad a la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Complutense, y allí me hablaron de una carrera que era Trabajo Social, de la que yo sólo conocía el nombre. Mi idea inicial era Psicología, pero después de que me contasen un poco por encima las dos carreras, no sé por qué acabé decidiéndome por Trabajo Social. Y aquí estoy, empezando ya el segundo curso. ¡Vaya vueltas da la vida!
Y un poco más personal sobre mí, pues una de las cosas que más me gusta es dormir, bueno, más que dormir me gusta vaguear en la cama, darme la vuelta y decir “cinco minutos más”. También me encanta comer, me parece una de las mejores cosas que se pueden hacer en la vida, además me gusta casi todo, excepto la verdura, aunque si va mezclada con más cosas me la suelo comer también.
Por supuesto me gusta salir con mis amigos, no solo de fiesta por la noche, sino también a dar una vuelta por el barrio, a tomar un café o unas cañas (dependiendo de la hora), o a quedarnos sentados en el parque, opción altamente desaconsejable en invierno.
Cuando estoy en casa suelo estar delante del ordenador, chateando, o bajando alguna película o algún disco. O si no me pongo a leer, cosa que también suelo hacer en mis trayectos diarios en el Metro.
Y esto es un poco sobre mí. ¿Hay más? Claro que sí, pero no voy a contarlo todo en la primera página, ¿no?
martes, 30 de octubre de 2007
viernes, 14 de septiembre de 2007
Preguntas interesantes a responder
Estas preguntas me las pasaron el otro día por correo. En el correo me decían que podía reenviarselas contestadas a la persona que me lo mandó, o bien podía enviárselas a quien quisiera, o bien podía no hacer nada. Yo las pongo aquí, para todo aquel al que le interese, que espero que haya alguno por ahí...
1. ¿Cuándo fue la última vez que te descubriste sonriendo ante la forma que tomaban las nubes que sobre tu cabeza se formaban?
2. ¿Cuántos años han pasado desde que cogiste tu último juguete y lo elevaste por el cuarto de tu habitación imaginándote que eras un superhéroe o una superheroína?
3. ¿Qué sentiste al ver por primera vez una estrella fugaz?
4. ¿Qué significa el verbo amar?
5. ¿Qué día descubriste que tu piel se erizaba al rozarte un rostro ajeno?
6. ¿Qué hace que tu vida siga mereciendo la pena?
En concreto mirando a las nubes, recuerdo un campamento genial en Silleda hace ya unos cuatro años. Estaba tumbado en la hierba con Belén y Ame, y estábamos mirando la forma de las nubes. Yo lo que vi fue que las nubes formaban el contorno de un hombre, y el cielo estaba azul, lo que vi fue El Hombrecito Azul, que como ellas no lo vieron (y si lo vieron disimularon) sirvió de coña ya para todo el campamento y buena parte del curso siguiente. Seguramente haya mirado las nubes en otra ocasión después de esta, pero nada más leer la pregunta lo que me vino a la cabeza fue esto.
Pero si voy más allá de la concreción de la pregunta, y pienso sólo en la última vez que me descubrí sonriendo; la verdad es que echando la vista atrás me he descubierto sonriendo mucho últimamente, sobre todo este último año, y la mitad de las veces por pequeñas tonterías, como una conversación intrascendente con un/a amigo/a, una sonrisa sincera, una mirada cómplice, una canción antigua, un regalo inesperado, un beso por confusión, o un abrazo… de esos que no dicen nada pero dejan todo dicho.
También me he sorprendido soñando despierto, creyéndome un superhéroe con superpoderes y cosas de esas, lo que me lleva a pensar que veo mucha televisión, lo que no quiere decir que vaya a cambiar mis hábitos.
En cuanto a los juguetes… creo que nunca he jugado con ellos en ese plan, pero descubrí hace poco a mi primer osito de peluche guardado en el cabecero de mi cama, medio descosido y con la color perdida el pobre. Creo que hay pocas cosas en mi casa que hayan sufrido tanto como él.
Y volviendo a mi infancia, recuerdo aquellos veranos en los que mis padres nos llevaban a mi hermana y a mí a ver las estrellas fugaces, los cometas, los eclipses de luna, las constelaciones, y todas esas cosillas. Creo que por eso me cogí astronomía de optativa en la ESO, deformación familiar.
Y bueno, algo aprendí en aquella clase, igual que en todas las demás; igual que también aprendí cosas de la vida fuera del ámbito académico. Pero lo que diferencia a estas cosas de las primeras es que por regla general suelen ser mucho más jodidas de analizar y explicar. Define lo que es un río, qué es un adverbio, o qué es una multiplicación. Es relativamente fácil, y si no siempre puedes recurrir a un libro para averiguarlo. Pero ahora define lo que es amar. Cuesta, ¿verdad? Vete al diccionario. ¿Te soluciona algo? Me lo imaginaba.
Yo tampoco sé definir fácilmente lo que es amar. Puedes decir que es ser feliz con otra persona; pero para eso tienes que estar con una persona y ser feliz. También puedes decir que es sufrir; pero para eso tiene que haber alguna persona que te haya hecho daño recientemente. Puedes decir que es esperar, que es perdonar, o que es combatir; pero para eso tienes que estar esperando un acto o respuesta por parte de una persona, quererla mucho para olvidar lo que haya podido hacer en el pasado, o ser fan de Maná, respectivamente.
Contestando con la siguiente pregunta podría decirse que amar es sentir como tu piel se eriza al rozarse con un rostro ajeno. Es una posibilidad. Pero hay que tener cuidado, porque muchas veces lo que llevamos en el corazón es distinto a lo que el sistema nervioso registra por fuera, y podemos dar por cierto lo que en realidad es una mentira, en la que a veces, aunque nos duela reconocerlo, nos gustaría encerrarnos y no salir de ella.
Y son todas estas cosas, estas pequeñas y grandes cosas, las que hacen que mi vida siga mereciendo la pena.
Sé que hay días que no lo veré así. Sé que hay días que no querré verlo así. Pero también sé que tras esos días de oscuridad llegan otros nuevos con luz renovada que me permitirán recordar que todavía hay cosas por las que merece la pena seguir luchando. Porque una caída no puede borrar los juegos en el parque. Porque un error tipográfico no puede borrar la calidad de un buen libro. Porque una pena no puede borrar las alegrías. Porque una pesadilla no puede borrar los sueños.
Porque un error no puede borrar una amistad.
Porque son las personas que te rodean las que hacen que existan esas cosas que hacen que la vida merezca la pena.
Porque sois las personas que me rodeáis las que hacéis que existan cosas que hacen que mi vida merezca la pena.
Porque eres TÚ quien hace que mi vida merezca la pena.
jueves, 2 de agosto de 2007
INSPIRADO EN UN RUMOR REAL
Como aviso antes de empezar esta apasionante lectura inspirada en un rumor real de una leyenda de la calle sobre una historia muy rara de dos monitores de un campamento en la bañera del cura, he de decir que lo que pasó ahí dentro, los motivos que les movían a estar ahí, la relación entre la fémina y uno de los protagonistas, y lo que ésta realmente oyó sólo son suposiciones inspiradas por una noche de helado con el otro protagonista y otras dos monitoras de ese campamento, una de ellas hermana mía. Por tanto se ruega no tomar como dogma de fe esta historia, puesto que sólo es una inspiración en un rumor real, no una historia documentada. ¿Va?
¡Que la disfrutéis!
- Me gustan estos momentos -dijo mientras le frotaba la espalda con la esponja-, hacen que me olvide de la presión que soporto a lo largo del día.
- A mi también, estos niños están totalmente salvajes, cada día que pasa tengo más ganas de volver a casa.
- Yo por un lado también, pero si lo piensas… cuando volvamos a la “paz” de Madrid, no tendremos estos momentos de relax entre los dos.
- Ya, pero… ¿realmente nos compensa? No me malinterpretes, me encanta estar aquí contigo. Pero esto sólo dura un rato, luego salimos de aquí, y los niños vuelven a alterarme, y…
- ¿Y?
- Y además está “ella”. Si se entera de que estoy aquí contigo… mejor no imaginarlo.
- Shhh –le cortó suavemente-. No pienses en nada de eso ahora. Sólo estamos tú y yo. No hay nada más; ni niños, ni estrés, ni prisas, ni tu chica, ni nada. Sólo tú y yo –le susurró al oído.
Una descarga eléctrica le recorrió toda la espalda desde el oído hasta la base de su miembro, que empezó a reaccionar bajo el chorro de agua de la ducha. Se giró hacia Derek y cogiéndole suavemente del cuello le besó apasionadamente mientras sus húmedos cuerpos iban entrando en contacto. Las manos recorrían cada centímetro de piel, explorando cada rincón a un ritmo casi hipnótico, con una sincronización casi perfecta, con una pasión casi divina.
Unos cuantos minutos después, enfrascados en una nube de vapor de agua y lujuria, sus cuerpos empiezan a sentir esos espasmos que profetizan un gran estallido de placer, que nada más llegar hace que Derek exprese sin ningún pudor ni recato a los cuatro vientos cuan agradecido está por esta experiencia.
- ¡Calla! –le dice Adam- ¿No te das cuenta de que alguien nos podría oír? ¿Qué pasaría si ella se enterase?
Nada más terminar la frase, una voz femenina que Adam reconoció sin ninguna dificultad suena desde el otro lado de la puerta muy dolida y con una gran indignación:
- ¡No os preocupéis por mí, si ya lo he oído todo!
¡Que la disfrutéis!
- Me gustan estos momentos -dijo mientras le frotaba la espalda con la esponja-, hacen que me olvide de la presión que soporto a lo largo del día.
- A mi también, estos niños están totalmente salvajes, cada día que pasa tengo más ganas de volver a casa.
- Yo por un lado también, pero si lo piensas… cuando volvamos a la “paz” de Madrid, no tendremos estos momentos de relax entre los dos.
- Ya, pero… ¿realmente nos compensa? No me malinterpretes, me encanta estar aquí contigo. Pero esto sólo dura un rato, luego salimos de aquí, y los niños vuelven a alterarme, y…
- ¿Y?
- Y además está “ella”. Si se entera de que estoy aquí contigo… mejor no imaginarlo.
- Shhh –le cortó suavemente-. No pienses en nada de eso ahora. Sólo estamos tú y yo. No hay nada más; ni niños, ni estrés, ni prisas, ni tu chica, ni nada. Sólo tú y yo –le susurró al oído.
Una descarga eléctrica le recorrió toda la espalda desde el oído hasta la base de su miembro, que empezó a reaccionar bajo el chorro de agua de la ducha. Se giró hacia Derek y cogiéndole suavemente del cuello le besó apasionadamente mientras sus húmedos cuerpos iban entrando en contacto. Las manos recorrían cada centímetro de piel, explorando cada rincón a un ritmo casi hipnótico, con una sincronización casi perfecta, con una pasión casi divina.
Unos cuantos minutos después, enfrascados en una nube de vapor de agua y lujuria, sus cuerpos empiezan a sentir esos espasmos que profetizan un gran estallido de placer, que nada más llegar hace que Derek exprese sin ningún pudor ni recato a los cuatro vientos cuan agradecido está por esta experiencia.
- ¡Calla! –le dice Adam- ¿No te das cuenta de que alguien nos podría oír? ¿Qué pasaría si ella se enterase?
Nada más terminar la frase, una voz femenina que Adam reconoció sin ninguna dificultad suena desde el otro lado de la puerta muy dolida y con una gran indignación:
- ¡No os preocupéis por mí, si ya lo he oído todo!
miércoles, 1 de agosto de 2007
Beauty & the Beast
Érase una vez, en un país lejano, un joven príncipe que vivía en un resplandeciente castillo. A pesar de tener todo lo que podía desear, el príncipe era egoísta, déspota, y concentido. Pero, una noche de invierno llegó al castillo una anciana mendiga, y le ofreció una simple rosa a cambio de resguardarse del horrible frío. Repugnado por su desagradable aspecto, el príncipe despreció el regalo y expulsó de allí a la anciana. Pero ella le advirtió que no se dejara engañar las apariencias, porque la belleza se encuentra en el interior. Y cuando volvió a rechazarla, la fealdad de la anciana desapareció, dando paso a una bellísima hechicera.
El príncipe trató de disculparse, pero era demasiado tarde, pues ella ya había visto que en su corazón no había amor. Y como castigo, lo transformó en una horrible bestia y lanzó un poderoso hechizo sobre el castillo y sobre todos los que allí vivían.
Avergonzado por su aspecto, el monstruo se encerró en el interior de su castillo, con un espejo mágico como única ventana al mundo exterior. La rosa que ella le había ofrecido era en realidad una rosa encantada que seguiría fresca hasta que él cumpliera veintiún años. Si era capaz de aprender a amar a una mujer y ganarse a cambio su amor antes de que cayera el último pétalo, entonces se desharía el hechizo. Si no, permanecería condenado a seguir siendo una bestia para siempre. Al pasar los años, comenzó a impacientarse perdiendo toda esperanza.
Pues, ¿quién iba a ser capaz de amar a una bestia?
Éste es el comienzo de una historia que seguro que todos conocéis. Y como ya sabéis, la horrible bestia secuestra a la tía buena, la cual consigue que la bestia se deshaga del tío baboso que la persigue, y símplemente diciendo que le ama deja una choza de pueblo para ir a vivir a un castillo con tropecientos sirvientes que opinan que -cito textualmente- "triste y deprimente es la vida de un sirviente si no tiene un solo ser a quien servir", y hace que la horrible bestia cambie su imagen y se convierta en un macizorro metrosexual. ¡Toma ya! Y parecía tonta cuando caminaba entre los aldeanos en la primera canción de la película.
Por supuesto ésta no es la única interpretación que tiene este largometraje; de hecho es muy posible que la que hayáis oído sea esa tan bonita sobre que la belleza está en el interior, frase que ha llenado de esperanza a los feos desde que a alguien se le ocurrió decirla por primera vez. Y yo me pregunto... ¿Es cierto que la belleza está en el interior?
Seguro que estáis pensando que ahora viene algún desbarre sobre "¡pues claro que no!", pero no va a ser así. Creo, sin temor a equivocarme, que ésta es una de las cosas más ciertas que se han podido decir, pues ¿quién no conoce a algún feo que haya conseguido encontrar el amor correspondido? Lo que me lleva a otra pregunta: ¿por qué...? ¿Por qué el príncipe era tan joven y vivía solo en ese castillo? ¿Dónde estaban sus padres o similares? En la película la Bestia tiene de 20 para 21 años, apenas un año más de los que tengo yo ahora. Y acaba casándose y viviendo feliz y comiendo perdiz. Lo que me lleva a otra pregunta: ¿Qué debo hacer ahora? ¿Buscar a mi media naranja antes de que se caigan todos los pétalos y se me pase el arroz? ¿Hacer una paella valenciana? ¿Ir al super a ver si mi amor verdadero está ya exprimido y envasado? Y a todo esto... ¿A qué coño sabe la perdiz que siempre acaban comiéndola en todas las historias? ¿En serio está tan buena? ¿Más que la paella valenciana? Y si hacemos la paella con perdiz y luego me la como, ¿me convertiría en Bestia o en Príncipe? ¿Perdería mi nombre como el pobre y desgraciado príncipe convertido en Bestia?
Planteamientos como éste son los que hacen que la vida merezca la pena.
Y con esto y una Pepsi light a la lima doy por inaugurado mi blog, a ver si me dura :D
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